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Galicia es el refugio del mejillón de río europeo

Galicia es el refugio del mejillón de río europeo

Este bivalvo en peligro de extinción es una especie de riñón de las aguas fluviales// Un acuerdo entre la USC y Medio Ambiente busca reintroducirlo en los cauces

El mejillón de agua dulce tiene una especial importancia para el mantenimiento de la salud de los ríos, ya que, por sus elevadas tasas de filtración, contribuye, entre otras funciones, a la depuración natural y al mantenimiento de la calidad de las aguas. Son como una especie de riñones que limpian el agua.

Esta familia de bivalvos, clave para la buena salud de la red fluvial, se encuentra en la actualidad entre las especies más amenazadas del mundo. Estos mejillones, conocidos también como náyades, están sufriendo una regresión en toda su área de distribución paralelamente a la degradación ambiental de las cuencas hidrográficas, mientras que en Galicia tiene uno de sus últimos refugios en Europa. Esto ha sido posible gracias a que las actividades agroganaderas tradicionales permitieron mantener una idónea calidad de las aguas fluviales.

Los científicos señalan que la recuperación de sus poblaciones permitiría en el futuro una importante mejora en la calidad de las aguas, ya que actúan como filtradores biológicos naturales.

En línea con este criterio, la Consellería de Medio Ambiente y la Universidade de Santiago (USC) acaban de suscribir un convenio para llevar adelante trabajos de investigación encaminados a desarrollar y mejorar el proceso de cultivo del mejillón de río (Margaritifera margaritífera). Además, según el acuerdo alcanzado, Medio Ambiente autoriza a la USC a utilizar las instalaciones del Centro ictiogénico de O Veral, en Lugo, para llevar a cabo estos trabajos de investigación.

CRÍA Y REPOBLACIÓN.

En virtud del convenio, dotado por la Xunta con 85.000 euros, la USC prestará asesoramiento y apoyo técnico en el cultivo de bivalvos de agua dulce, así como para garantizar el estado sanitario y genético de los pescados que se utilizan como hospedadores de las larvas de estos mejillones.

También elaborará los informes y documentos técnicos en relación con la conservación del mejillón de río y su cultivo, con el fin de reforzar sus poblaciones y repoblar la especie en aquellos tramos fluviales en los que se considere posible la implantación de poblaciones viables.

De este modo, la institución universitaria compostelana se compromete a dirigir y supervisar el desarrollo de técnicas de cultivo de bivalvos de agua dulce con la finalidad de mejorar la producción y la recuperación de las especies que se encuentran bajo alguna figura de protección, ya sea de ámbito internacional, nacional o autonómico. Un campo en el que cuenta con una probada experiencia gracias al programa Life Margal Ulla, impulsado por Medio Rural y que se desarrolló entre 2010-2015 en la cuenca del río Ulla con el objetivo fundamental de estudiar y recuperar las poblaciones de mejillones de agua dulce en este curso fluvial.

Las investigaciones de las profesoras María Paz Ondina Navarret y Sabela Lois Lugilde, ambas del departamento de Zoología y Antropología Física de la USC, fueron pioneros en este campo, dentro del mencionado programa Life Margal Ulla, en el que se inició el cultivo de mejillón de agua dulce.

PLANTA PIONERA EN ESPAÑA.

Al amparo de esa iniciativa europea se consiguió el desarrollo e implementación de la única planta de cultivo existente en la península Ibérica de mejillón de agua dulce, una especie en peligro de extinción y que tiene un papel fundamental de filtrado del ecosistema acuático, y que además es un bioindicador de la calidad de las aguas fluviales.

Localizado en las instalaciones del centro ictiogénico O Veral, en Lugo, su creación fue fruto del proyecto LIfe Margal Ulla puesto en marcha con el objetivo de lograr el ciclo biológico integrado de la especie, conseguir juveniles viables para reforzar las poblaciones de este bivalvo en cuenca del río Ulla. El logro ya se alcanzó y desde hace tres años se conservan cuatro cohortes sucesivas de semillas, recogidas en ciclos anuales desde el año 2013.

Estas náyades se caracterizan por una longevidad extraordinaria, superior a los 100 años, y por un complejo ciclo de vida, en la que los salmónidos nativos desarrollan un papel importante al albergar sus larvas, así como ejercer de vehículo para la dispersión en los ríos.

Esta especie ha pasado de ser uno de los bivalvos más comunes en las frías aguas de los ríos del Atlántico Norte a situarse en la actualidad al borde de la extinción. En el santuario gallego puede estar su salvación.

Plan de salvamento en la UE

··· Dada la importancia de este bivalvo de agua dulce para la salud de los ríos, la Unión Europea también se puso manos a la obra para tratar de salvarlos y puso en marcha el proyecto Confremu, que involucra a 80 científicos de 25 países, que tratarán de “comprender y frenar la crisis de biodiversidad que afrontan los mejillones de agua dulce”, tal como explicó el investigador del departamento de Ecología y Biología Animal de la Universidade de Vigo Noé Ferreira-Rodríguez, uno de los participantes.

··· El trabajo de Noé Ferreira en esta iniciativa se encuadra en el estudio los servicios ecosistémicos que proporcionan las náyades en los ríos, es decir, “la contribución directa y/o indirecta de estos animales al bienestar humano, por ejemplo, depurando e incrementando la calidad de las aguas por sus elevadas tasas de filtración”, según explicó el científico. En España, el 40% de las especies de este mejillón están en vías de desaparecer.

··· Otras dos investigadoras gallegas forman parte también de este proyecto, se trata de las profesoras de la USC María Paz Ondina, del departamento de Biología Animal, y Rafaela María Amaro, del departamento de Zoología, Genética y Antropología Física. De hecho, tal como destacó la Universidade de Vigo en su día, Noé Ferreira-Rodríguez y Paz Ondina forman parte del comité gestor y fueron elegidos como representantes nacionales. El equipo de científicos elegidos se completa a nivel estatal con la participación de Miguel Clavero, de la Estación Biológica de Doñana, y de Keiko Nakamura, del Gobierno de Aragón.

Fuente: El Correo Gallego